Se fue el Diego, ¿y ahora?

La noticia ha recorrido ya el planeta entero y ha atravesado miles de horas de pantallas y de artículos en periódicos. No es noticia ya. No hay quien no sepa que Diego Armando Maradona ya no está entre nosotros. Todos hemos sabido quien ha sido ya que nunca ha dejado a nadie indiferente. Siempre fue él, siempre fue el Diego.

¿Y ahora? ¿Y ahora qué? Ahora estamos nosotros; nosotros sin él. Todos los mortales que aún seguimos de este lado viviremos sin su presencia física. Algunos lo recordarán como ese hombre de bajos recursos que no supo manejar su éxito cuando llegó a lo más alto, que resultó víctima de las adicciones y etcétera. Otros recordarán fundamentalmente al futbolista; sus regates indescifrables, sus hazañas imposibles, su carisma, su magia y etcétera también.

¿Y ahora? ¿Y ahora cómo? Esta pregunta es la que ronda mi cabeza hace un par de días y por eso me encuentro escribiendo. ¿Y ahora cómo seguimos? Y para entender ese “cómo”, hay que entender otra pregunta ¿Quiénes? Y ese “quiénes” es inconmensurable ya que somos millones de personas las que somos huérfanos de él. Es entonces cuando concluyo que es imposible validar alguna hipótesis irrefutable o llegar a una conclusión sanadora, ya que cada vez que busco una respuesta, surge otra pregunta… ¿Quién ha sido Diego Armando Maradona?

Pareciera ser la pregunta más sencilla de todas, inclusive he intentado describir dos párrafos más arriba quién ha sido y la grieta ineludible que siempre ha provocado. Estamos hablando de posiblemente el ser humano con mayor exposición a su vida pública ¿cómo no saber quién ha sido él? Vale, pues pregunta resuelta… sigamos… ¡no! ¡imposible! Diego no es todo lo que hemos visto, oído y leído en nuestras vidas… necesito saber qué ha sido Diego para mí, así como cada uno debe realizar una inmersión introspectiva para saber quién ha sido ese ser “humano” que ha nadie ha dejado indiferente.

Voy a explicar brevemente entonces, quien ha sido MI Diego Armando Maradona. Mi Diego es el que ha debutado en Boca Juniors en 1981 pocos días antes que yo naciera y un puñado de meses después nos conducía a un título. Es el Diego que cuando yo tenía solo 5 años, en Méjico, vengaba a miles de soldados caídos en la Guerra de las Islas Malvinas con sus dos golazos a Inglaterra y que luego alzaba la Copa Mundial. Por esa época, empezaba a entender algo, muy poco, del fútbol y Diego, Mi Diego, ya era un prócer. Pasan los años, sigo creciendo… todos los fines de semana tenía como cita obligada despertarme pronto, encender la tele y mirar el Calcio; sí, de lunes a viernes era un alumno de primaria y el fin de semana era un seguidor del Diego. Cuando tenía 9 años, lo he visto jugar con su tobillo más grande que un balón de fútbol en el mundial de Italia y hacer una asistencia a Caniggia luego de una jugada maradoneana para vencer al imposible Brasil. También lo vi llorar en la final y lloré con él. Entrando en mi adolescencia sufrí como le cortaron las piernas con esa encerrona que le han hecho en los Estados Unidos y vi esa enfermera entrando al campo de juego a buscarlo para el control antidopaje. Y podría seguir… hablar de su retorno en 1995 a mi amado Boca Juniors y los partidos que he podido disfrutar en La Bombonera cuando cursaba la secundaria. MI Diego ha sido mi niñez, mi ídolo, mi adolescencia y mi madurez.

He llegado al mundo en 1981 y Diego, ese bostero/argentino ya deslumbraba al mundo. Y viví siempre bajo su paraguas, con su presencia, con su rebeldía, con sus valores y su consciencia de clase. Viví sabiendo que en el mundo existía un superhéroe humano e imperfecto que ponía a Argentina en el mapa mundial y multiplicaba la difusión de Boca, siendo nuestro mejor embajador Xeneize.

Hoy no está entre nosotros, hoy no está conmigo. Nunca he estado cerca suyo, aunque siempre lo he sentido mío. No niego los momentos en los que he discutido metafóricamente con él o por él ni olvido las miles de veces que lo he defendido. Todo eso ya es historia, mi historia. Hoy a mis 39 años, el 25 de noviembre de 2020 comienzo el año 1 dd (después de Diego). Tendré que acostumbrarme a su ausencia física.

Soy solo un “quién”… como he dicho, hay millones de “quien” en todo el planeta. Es la única pregunta que he podido desmenuzar.

Para acabar… ¿Por qué? ¿Por qué murió? Eso es lo de menos… porque es falso. El Diego no murió, al menos para mí.

Mariano Valdés
Consulado Boca Juniors Mallorca

 

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